La casa de mis padres
Desgraciadamente, más tarde o temprano, tenemos que enfrentarnos a la soledad de la casa cuando los padres ya no están. Una casa en la que pasamos nuestra infancia con multitud de recuerdos. Una casa en la que aún te queda la esperanza de volverlos a ver de un momento a otro, hasta que te das cuenta de la realidad. Por eso, quiero mantener el recuerdo vivo de cómo estaba la casa poco después del fallecimiento de mi padre, tal y cómo estaba cuando se hacía vida en ella, antes de que se vaciase para ponerla a la venta. Si por mí hubiese sido, nunca se hubiera vendido, pero el destino y la falta de hijos por mi parte, ha hecho que no hubiese más remedio. Si yo hubiera tenido descendencia ésto no habría pasado. ¿Qué más barato le habría salido un piso a uno de mis hijos? ¡Vamos, que se lo habría pagado yo de mi bolsillo! Pero en fin, no pudo ser.
Que Dios les tenga en su gloria, y que guarde y cuide a los nuevos inquilinos para que sean tan felices como lo hemos sido nosotros. AMEN.
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