El barrio de mi infancia
''Plaza de Alonso Carrillo''
En este parque, cuando apenas era un chiquillo, pasaba las horas muertas jugando al fútbol, a las chapas, a las canicas, al hinque..., hasta que se hacía de noche. Todavía me acuerdo cuando íbamos a la tienda de frutos secos, que ya no está, a comprar golosinas con 5 duros. ¡Madre mía!
Estas vistas, desde la terraza, eran increíbles cuando veíamos venir las tormentas de verano, ¡asustaba ver el cielo!.
''Plaza de Alonso Carrillo''
Enfrente teníamos el bar de Hilario, de dónde mi padre me traía muchos tigretones y otros bollos similares que tanto me gustaban y que me siguen gustando. ¡Que dulces recuerdos! 
''Plaza de Alonso Carrillo''
Este parking, antiguamente, era un perfecto solar de tierra con cuatro árboles. Aquí nos echábamos cada partido hasta desollarnos las piernas, o hasta que alguna madre, desde la terraza, nos daba la voz para que subiésemos a casa a cenar
Pero en este parking también, me he vuelto loco para aparcar en mis años de mozalbete, hasta el punto de dejarlo encima de la acera, ya que en los alrededores era prácticamente imposible aparcar. Más de una vez, y de decenas de veces, he tenido que aparcar en el quinto coño
''Plaza de Alonso Carrillo''
Si había un lugar donde nos dejábamos gran parte de la paga era en los juegos recreativos, en esos que hubo en un tiempo donde el edificio que se puede ver con los toldos azules. ¡Que tiempos aquellos en los que jugábamos con una moneda de 25 ptas! 
''Calle Adarga''
Esta es la calle que más cambios ha sufrido. Donde ahora se ve el Colegio Público Cristóbal Colón, antes era un descampado, con una finísima carretera en el lado derecho. Cuando llovía se convertía en un perfecto lago, desde la fachada de nuestro bloque hasta el siguiente cruce, de ahí, que tuviésemos problemas en nuestro bloque, al infiltrarse el agua de la lluvia en los bajos de los ascensores, produciendo un olor muy desagradable. Parece mentira que aún me acuerde de aquello, pero es que era realmente impactante ver semejante charco de agua. Es más, familias con sus hijos, y botas de agua en pie, se metían en aquel pequeño lago a jugar, a tirar piedras..., a lo que sea para pasar un buen rato. ¡Lo que han cambiado los tiempos! Ahora no se entretienen con nada, teniéndolo todo
¡Atajo de...!
''Plaza de Alonso Carrillo''
Y esta es una de las vistas que más tristes recuerdos me trae a la mente
.
Son varios los recuerdos que me trae. Muchas veces, cuando veníamos de divertirnos con los amiguetes, mi padre nos estaba esperando al final de esta calle, en la esquina que daba a nuestro portal, tanto a mi hermana como a mí, a cada uno en su época, ya que mi hermana es mayor que yo cinco años. Esto nos daba mucha rabia, porque si venías con un amorío o un pelín perjudicado, dando alguna ese por el camino, pues ya te había cazado. Se lo reprochábamos, pero él decía que así estaba más tranquilo, que en casa se ponía nervioso esperando. Pero este fue, quizás, el único recuerdo menos bueno que tuve.
Cada vez que venía a visitarlos, y cada vez que me marchaba, estaban asomados en la terraza para verme, tanto si llegaba, para ver si venía, como si me iba, para despedirse de mí. Algo que ahora echo muchísimo de menos, ya que suponía que podía verlos. Pero el recordarlos me trae muy buenos recuerdos.
Pero el más triste de los recuerdos me los trae recientemente el final de esta calle. Desde que falleció mi madre, he procurado ir a ver a mi padre todos lo domingos, y algún día que otro, para ir a tomar el Vermouth. Él me esperaba en la esquina del colegio, con vista al aparcamiento, porque sabía que yo venía por ahí, y yo le veía a él desde esta toma, más o menos, esperándome para ir a La Cartujana, el bar que solíamos frecuentar para tomar el aperitivo. Y cada vez que veo esta foto, me le imagino ahí, esperándome, con la esperanza de volvernos a ver. Lo mismo me pasa cuando aparezco por el barrio
. Y es que todavía está muy reciente, aún no ha pasado cinco meses desde aquel fatídico 27 de marzo.
En fin, creo que con estas fotos cierro el triste recuerdo hacia mis padres. Me gusta pensar más en los buenos recuerdos, que son muchos, y que solemos hacerlo a menudo, mi esposa y yo, de nuestros seres queridos ya fallecidos. Por eso, no quiero dar más la chapa en este blog sobre mis penas familiares. Por desgracia, es ley de vida, que más tarde o temprano, por cualquier causa, nos dejen con esta pena.
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